La profunda transformación en la que está inmersa toda la cadena de valor de la automoción, impulsada por los objetivos de descarbonización de la UE para 2030 y 2035, ya está llevando al límite al tejido empresarial que, para poder mantener su hoja de ruta inversora, está acometiendo reestructuraciones de calado que conllevan la pérdida de decenas de miles de empleos. Un contexto que debe ser respondido, en el corto plazo, por las instituciones comunitarias con medidas de apoyo contundentes para garantizar la competitividad del sector, en comunión con una estrategia igualmente ambiciosa por los estados miembro.
Ya no hay tiempo para más debates, sino que es hora de pasar a la acción, como bien dice el presidente de Anfac. En todo ello, España tiene mucho que decir para preservar su rol de segundo productor europeo y noveno mundial. Así, urge que ponga en marcha el Plan Auto 2030 cuanto antes, porque, como expone Recasens, «cada decisión que posponemos es dar ventajas a otros países» y «hay mucho en riesgo».
Otro retraso ya no sería entendible, después de que el documento ya estuviera afinado desde antes del verano y que exista «un acuerdo total» en las políticas
En este sentido, esperamos que se cumpla la última previsión de que pueda ver la luz en noviembre, y es que otro retraso ya no sería entendible, después de que el documento ya estuviera afinado desde antes del verano y que exista «un acuerdo total» en las políticas, como ha destacado el secretario de Estado de Industria, en el ámbito privado y público. Como ha podido comprobar este medio en la redacción planteada al Gobierno se trata de un trabajo exhaustivo con un acertado enfoque integral a tenor de la concreción de 25 medidas, destacando la continuidad de los Perte para atraer inversiones en nuevos componentes y vehículos, una apuesta decidida por la I+D+i con múltiples palancas, la mejora de los planes de ayuda a la compra de vehículos electrificados analizando reformas fiscales, orquestar un esquema de impulso de la red de carga y reforzar el talento. En definitiva, el contenido es muy potente, aunque, salvo giro inesperado de los acontecimientos, tiene un debe no menor como es que no estará apoyado por partidas económicas desde el inicio, sino que la idea es ir trabajando las acciones en las mesas de trabajo que se pongan en marcha para ir desplegándolas progresivamente. Esto puede entenderse ante la compleja situación política y la ausencia de nuevos Presupuestos, pero no debe ser una carta blanca para no moverse con celeridad.
Las ventajas de actuar rápido y bien están expuestas en el plan: potenciar el valor generado por el sector de 85.000 millones de euros anuales a 120.000, preservando el empleo con 1,9 millones de puestos.
Y aunque no se enmarca dentro del programa pero está muy conectado, España tiene que liderar en Europa, como ha defendido en una carta conjunta con Francia, un abordaje con flexibilidad hacia el objetivo de cero emisiones de 2035. Eso sí, ese enfoque no puede ser estético, sino que tiene que asegurar que la industria pueda evolucionar sin sufrir heridas irreparables por el camino.

