Hugo González Riera es el director de Movilidad en Helvetia Caser.

El seguro de automóviles está viviendo una transformación profunda. Durante años, el vehículo ha sido el centro de la protección, pero hoy ya no basta con mirar solo al coche para entender cómo se mueve una persona o una empresa. El auge del vehículo eléctrico, el renting y las nuevas formas de propiedad compartida, el crecimiento del vehículo de ocasión, la micromovilidad, la conectividad o la entrada de nuevos intermediarios están ampliando el perímetro del ramo. Asegurar hoy significa garantizar continuidad, respuesta y servicio.
En este nuevo escenario, uno de los cambios más relevantes es la personalización. No tiene las mismas necesidades un conductor particular que una pyme con vehículos profesionales, una gran flota, un operador de renting, un concesionario, taller o una persona que combina coche, transporte público y soluciones de micromovilidad. Por eso, el seguro debe avanzar hacia modelos más flexibles, capaces de responder a distintos usos, perfiles y momentos.
La ventaja competitiva estará en unir dato, servicio y proximidad al cliente
Ahora bien, el precio seguirá siendo importante, sobre todo en un momento en el que el cliente mira mucho la prima. Pero competir ya no consiste solo en ofrecer el importe más bajo. La experiencia pesa cada vez más e influye en la contratación, en la renovación y en la recomendación. Antes de firmar, el cliente compara precios; pero cuando tiene un siniestro, una avería o se queda sin vehículo, lo que valora es la respuesta. Ahí es cuando la póliza deja de ser un documento y se convierte en una promesa real de movilidad. Que el trámite sea rápido, que la reparación esté bien gestionada, que haya una solución de sustitución y que la comunicación sea clara marca la diferencia.
Para responder a todo ello, la tecnología es imprescindible para llevar esta evolución a escala. La inteligencia artificial, la automatización, la analítica avanzada y la integración de datos son muy necesarios, ya que permiten mejorar la tarificación, anticipar incidencias, optimizar la gestión de siniestros y reducir embudos. En cualquier caso, la verdadera ventaja está en poder usar esas herramientas para ordenar procesos, entender bien el dato, asegurar su calidad y convertirlo en decisiones útiles. En seguros, además, el dato solo tiene sentido si se utiliza con consentimiento, transparencia y una utilidad clara para el cliente.
Esta misma lógica, es especialmente relevante cuando hablamos de Grandes Cuentas y de empresas que ya tienen una relación directa con el cliente, como fabricantes, financieras, concesionarios, redes de posventa, operadores de renting o plataformas digitales. Todas ellas buscan soluciones aseguradoras que encajen de forma natural en su servicio y que refuercen la experiencia del usuario. Ahí entran los seguros embebidos, por ejemplo, al comprar, financiar, mantener o utilizar un vehículo. El reto no es simplemente colocar una póliza, sino diseñar una solución útil y técnicamente bien construida, que el cliente perciba como parte de su experiencia y no como un añadido artificial.
Al final, la calidad de servicio será, probablemente, el factor que marque la diferencia entre las compañías que se adapten a esta transformación y aquellas que consigan convertirla en una ventaja competitiva. La automatización aporta eficiencia, pero la confianza se construye con atención personalizada, criterio y capacidad de respuesta. En Automóviles, la proximidad no es solo un atributo reputacional, significa conocer el territorio, acompañar a mediadores y partners, adaptar soluciones y responder con agilidad cuando el cliente más lo necesita.
Por eso, la nueva movilidad exige un seguro más técnico, flexible e integrado que ayude a esas soluciones que el cliente demanda, pero también más humano. El futuro será de quienes sepan convertir la innovación en protección comprensible, servicio medible y relaciones de confianza. Porque el cliente, en realidad, no busca solo asegurar su coche: busca proteger su forma de moverse.

