España es una potencia indiscutible en la industria de automoción, siendo el noveno país con mayor producción de vehículos en el mundo y el segundo en Europa; una posición que se aspira a conservar e incluso reforzar en la rápida transición que se está experimentando hacia la electrificación Las ambiciones son máximas y, más allá del objetivo casi imposible que trasladó hace unos días el secretario de Estado de Industria, Jordi García Brustenga, de que en tres años se alcance el liderazgo en el Viejo Continente —Alemania recordemos que monta más de 4,1 millones frente a los 2,27 millones españoles—, las perspectivas de futuro son realmente halagüeñas para incrementar actividad —los 2,7 millones que se marcaron en el Plan España Auto 2030 sí son alcanzables en el largo plazo— y mantener los cerca de dos millones de empleos que hoy existen.
Este horizonte tiene sus raíces en una doble tendencia: por un lado, el fortalecimiento del tejido industrial actual, donde la última gran noticia ha sido la firma del convenio en Renault que lleva aparejada la adjudicación de un plan industrial con cinco nuevos vehículos; y, por otro, la recepción de nuevas inversiones para poner en marcha proyectos fabriles, bien aprovechando instalaciones ya existentes o de nuevo cuño, como la que acaba de anunciarse de la china Saic en Galicia, que movilizará 200 millones para implantar una factoría en Ferrol, operativa antes de finales de 2028 con una capacidad de 120.000 coches al año y que, en una primera fase, generará 2.300 puestos.
Si bien nuestro país no es el más barato en costes, sí que asegura una elevada competitividad global, debido a una alta calidad de estándares de producción
Son dos nuevos ejemplos de la ecuación ganadora que supone el enfoque 'Bien hecho en España' que está impulsando el Ministerio de Industria y que se traduce en que, si bien nuestro país no es el más barato en costes, sí que asegura una elevada competitividad global, debido a una alta calidad de estándares de producción con unos trabajadores muy formados, una amplia red de proveedores de primer nivel, una gran implantación de energías renovables, clave para la localización de proyectos de VE; y unas condiciones de flexibilidad en la gestión del trabajo muy ajustadas a las dinámicas de la automoción. Todo ello redondeado con una voluntad inquebrantable de las administraciones públicas por ayudar a desarrollar a un sector que se considera estratégico —solo hay que ver el encomiable trabajo del ministro Hereu, cuya mediación ha sido determinante para el acuerdo en Renault—, que se combina con una comunión de intereses entre los distintos poderes públicos, que aporta seguridad jurídica a los proyectos y facilita un despliegue rápido y efectivo. Para muestra, la colaboración estrecha que ha existido entre el Gobierno central y el gallego, sin importar el color político, para llevar a buen puerto las negociaciones con Saic, que será el cuarto grupo chino que apuesta por España, tras Chery en Barcelona, Leapmotor en Zaragoza y Madrid y Baic en Linares. Una lista que crecerá en el futuro.

