miércoles, 15 de abril de 2026 - 9:45:28
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Gracias, 'mister'

Con su gorra, hoy blanca, hoy roja, es usted 'mister' Trump el más grande predicador de las energías renovables.

Gracias, mister Trump, por recordarnos que sigue vigente mal que le pese el dilema que popularizó Paul Samuelson sobre la inversión de un país en cañones o mantequilla. Su opción son los cañones, cuyos bramidos, en su errada opinión, aportarán por arte de magia mantequilla a los hogares, a sus hogares estadounidenses.

Su megalomanía y los deseos de grandeza que oculta bajo su gorra hacen la vida más cara desde el 28 de febrero, cuando decidió bombardear un régimen y un pueblo maligno. Ir a trabajar, comer, calentarse, abonar la tierra o producir material industrial se encarece día a día

Gracias, mister Trump, por empobrecernos. Su megalomanía y los deseos de grandeza que oculta bajo su gorra hacen la vida más cara desde el 28 de febrero, cuando decidió bombardear un régimen y un pueblo maligno. Ir a trabajar, comer, calentarse, abonar la tierra o producir material industrial se encarece día a día. Su inútil aventura bélica y su pleitesía ante los deseos de un primer ministro israelí cuyo nombre encabeza la agenda del Tribunal Penal Internacional conducen a un mundo convulso y sin reglas. Ha tirado por los aires instituciones multilaterales que buscaban la convivencia pacífica. Ha esparcido impuestos, es decir, aranceles, a diestro y siniestro, amilanando el comercio internacional y solo emerge una sencilla explicación de esa política: el enriquecimiento suyo, de los suyos y de su entorno.

Gracias, mister Trump, por provocar un éxodo masivo que usted desprecia en su propia casa. Debajo de esa gorra que exhibe incluso en la despedida de un compatriota muerto no hay empatía alguna, ni un ápice de humanidad. Convirtió en un año su propia tierra en escenario de persecución de inmigrantes y sus decisiones bélicas en Oriente Medio producirán un éxodo que, y usted lo sabe, no se acercará a sus costas gracias a la circunstancia de un océano por el medio. Que sean otros países quienes «carguen» con desahuciados de su guerra.

Gracias, mister Trump, por demostrar una vez más que la democracia es una convicción de la ciudadanía y no se logra con el empleo de bombas, drones y demás familia de destrucción masiva. Lo que oculta su gorra no le sirvió para aprender de la historia reciente. Su ejército intervino en Afganistán, Irak, Siria, Libia, Somalia, Yemen, amén de Venezuela, en nombre de la democracia o de la pretendida intención de instaurarla en esos países y consiguió sonoros fracasos. Qué casualidad que los subsuelos de esos países alberguen suculentas reservas de petróleo y gas.

Por último, gracias, mister Trump, por confirmar que las renovables no son un capricho 'progre' y sí garantía de futuro y escudo frente al oligopolio industrial y financiero de las energías fósiles que usted defiende. Con su gorra, hoy blanca, hoy roja, es usted el más grande predicador de las energías renovables, y en particular la eólica y solar. Gracias, mister Trump, por desbrozarnos definitivamente el camino hacia la lejana soberanía energética.

En el silencio de Mar-a-Lago quizás escuche el tímido quejido europeo y el entusiasta agradecimiento con batir de palmas procedentes de Moscú y Pekín, capitales que hoy son más fuertes de lo que eran el 28 de febrero. Es su legado.

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