Estoy enganchadísimo a la serie ‘Drive to Survive’ sobre la Fórmula 1 que se emite en Netflix. No es solo porque describe con todo lujo de detalles cómo es un Gran Premio, sino también porque muestra el lado humano de la mayor competición automovilística mundial. Se confirma que los pilotos no son robots, sino personas de carne y hueso, con sus altibajos emocionales, y cómo ello puede afectar en su rendimiento en carrera.
Y eso que lo que se ve en un GP no es más que el resultado de un trabajo en equipo, de miles de personas dedicadas a hacer un monoplaza competitivo, una pieza única convertida en una suerte de extensión del piloto. Pero no deja de ser, en esencia, un hipercoche hecho por humanos y para humanos. Con mucha tecnología de por medio, por supuesto, pero las huellas del toque humano se perciben en cada centímetro cuadrado del monoplaza.
Quiero pensar que en cada unidad que sale de Martorell, Vigo, Figueruelas, Valladolid, Landaben, Vitoria, Almussafes y tantos otros lugares de nuestro país, hay un poquito de las personas que lo han ensamblado, diseñado, validado o probado
Lo cierto es que ese mismo toque humano lo encontramos en los automóviles de serie. Aquí, en España, contamos con algunas de las mejores factorías del mundo por productividad y calidad. Quiero pensar que en cada unidad que sale de Martorell, Vigo, Figueruelas, Valladolid, Landaben, Vitoria, Almussafes y tantos otros lugares de nuestro país, hay un poquito de las personas que lo han ensamblado, diseñado, validado o probado, antes de que llegue a manos de su futuro propietario. Coches hechos por humanos para humanos.
Dicen que ir a China es como ir al futuro. He estado varias veces en el gigante asiático, y cada vez que volvía, lo hacía más asombrado, pero también más asustado por lo que se nos viene encima. La última amenaza son las dark factories (fábricas oscuras). Se las denomina así, porque están completamente robotizadas, por lo que pueden estar funcionando 24/7 con las luces apagadas. Según cuentan en un reportaje de The Wall Street Journal, las marcas que han optado por esta solución lo han hecho porque los costes laborales en China han aumentado y es la única vía de seguir siendo competitivos. Y no sólo eso, los directivos de esas dark factories lo dejan claro: los robots no se ponen enfermos ni cometen errores. Y añado: tampoco tienen derechos ni cobran un jornal.















































