Donald Trump y la mal llamada Agencia Medioambiental de EEUU (EPA) han revocado el dictamen que calificaba las emisiones de gases contaminantes como un peligro para la salud pública, lo que se resume en una medida totalmente equivocada e irresponsable fruto de una ideología negacionista con el cambio climático. Ni siquiera la propia industria automotriz local la ha ensalzado, sino que solo ha reconocido que el objetivo previo era desafiante.
No disponer de una regulación que limite las emisiones es un aspecto que choca frontalmente con el objetivo del sector a nivel global de alcanzar la descarbonización total en 2050. Además, esta derogación cambia radicalmente las reglas del juego para los fabricantes a mitad de camino, generando una gran inseguridad jurídica, y es que los que han realizado inversiones potentes en su ruta hacia la electrificación sufrirán un impacto muy notorio.
No obstante, tampoco es garantía de nada, puesto que si se produjera un cambio de inquilino en la Casa Blanca y el nuevo presidente se dejará influir por la ciencia, es probable que volviera a haber modificaciones al respecto.
Por eso, creemos conveniente que la industria estadounidense mantenga de motu propio su apuesta verde, porque el Gobierno de Trump no será eterno y un futuro cambio de tornas en el Ejecutivo supondría seguramente un giro de guion, además de por motivos medioambientales, por una cuestión estratégica, de cara a ser competitivos en otras plazas internacionales.
En este sentido, consideramos que el camino marcado por Europa es el conveniente. Es decir, el objetivo de descarbonizar la industria es inamovible, aunque añadiéndole tres ingredientes: flexibilidad, dando más plazo para cumplir las metas; apuesta por las inversiones locales, para evitar una pérdida de empleo en la transición, e incentivos para que los consumidores y las empresas puedan afrontar un reto muy necesario, pero extremadamente desafiante.
Un programa bien armado, que tiene en consideración las diferentes sensibilidades del sector, y cuyo único pero —no es cuestión menor— es que nace tarde, puesto que el Ejecutivo se ha demorado dos mensualidades en comunicar cuáles son las condiciones
Dentro de este ámbito, destaca la apuesta del Gobierno español por el plan de ayudas al vehículo eléctrico e híbrido enchufable, llamado Auto +. Un programa bien armado, que tiene en consideración las diferentes sensibilidades del sector, y cuyo único pero —no es cuestión menor— es que nace tarde, puesto que el Ejecutivo se ha demorado dos mensualidades en comunicar cuáles son las condiciones. Es comprensible que el cambio radical que ha sufrido, en comparación con el pasado Moves III, implique tiempo, pero es cierto que el Ejecutivo debería haber trabajado en él desde hace meses. Entre las cuestiones que destacan está que se primará más a los coches de menor precio, que al final son los que compran los clientes con menos capacidad económica, así como los hechos en Europa. Esto es positivo, puesto que ante la avalancha proteccionista no apostar por defender tu industria implica el riesgo de la extinción

