Sin paños calientes: claro que el tamaño importa. Ojo: no está en mi ánimo hablar de aparatos reproductores ni de otro tipo de herramientas, sino de automóviles. La cuestión es que, siempre que he viajado a Estados Unidos, hay una cosa que me ha llamado la atención: lo enormes que son los vehículos que circulan por esos lares.
Y me hago cruces de cómo podríamos circular en nuestras ciudades con artefactos de esas características. Aún recuerdo la tinta que he llegado a sudar cuando he tenido oportunidad de conducir por Madrid bicharracos como el Ford Ranger… que es peccata minuta comparado con el F-350, por cierto.
Fue la Crisis del Petróleo de 1973 la que propició en Europa el resurgimiento del coche de mínimo tamaño, ideal para ir del punto A al B en entornos urbanos y con un consumo de mechero. Ahora, más de 50 años después, con otro tipo de crisis en ciernes, lo pequeño vuelve a cobrar protagonismo
Es complicado moverse por las ciudades europeas con esos trastos, dignos representantes rodantes del American Way of Life. Y es que nuestras urbes —y no digamos los aparcamientos, símbolo de la cicatería española— no están preparadas para esas moles. Pero tampoco hace falta que lo estén; Europa es Europa y España es España. Y que no cambie. Como decía Oscar Wilde: «hay que ser uno mismo, pues el resto de los roles ya está ocupado».
Fue la Crisis del Petróleo de 1973 la que propició en Europa el resurgimiento del coche de mínimo tamaño, ideal para ir del punto A al B en entornos urbanos y con un consumo de mechero. Ahora, más de 50 años después, con otro tipo de crisis en ciernes, lo pequeño vuelve a cobrar protagonismo.
La UE va a dar a conocer en breve su propuesta de e-car —esa suerte de kei car japonés a la europea y eléctrico, posicionado por encima de los cuadriciclos y por debajo de los turismos convencionales—, con el fin de impulsar los coches pequeños y accesibles, recogiendo así el guante lanzado hace un tiempo por Renault y Stellantis de que la automoción en el Viejo Continente bascule hacia este tipo de segmento. Un segmento, por cierto, en el que los fabricantes europeos llevan décadas demostrando que son maestros en la materia.
Aplaudo la iniciativa, no solo por una cuestión de eficiencia, sino porque siempre he pensado que la transición hacia la electrificación debería haber empezado por abajo, liberando nuestras ciudades de humos y ruidos, y dando la oportunidad de que el gran público derribara prejuicios a base de conducir coches eléctricos urbanos. Ni que decir tiene que en Europa sabemos que lo bueno siempre va en frasco pequeño…















































