sábado, 17 de enero de 2026 - 1:48:14
La Tribuna de Automoción
Portada » Noticias » Original y copia
General

Original y copia

El coche eléctrico se ha sometido hasta ahora a reglas globales de futuro que, como conjugación de especulaciones, no han generado más que incertidumbres.

De nuevo la calle ha sido la espoleta de una inspiración. A pocos metros de mi residencia, una decena de personas, jóvenes, la mayoría, se arremolinaba ante algo. No alcanzaba a verlo. Si un talante cuadra al periodista es el de la curiosidad, sin menospreciar la escala inferior del cotilleo. Y allí tenía que haber algo. Cotilla que es uno, no pude resistir la tentación, y me abrí hueco entre el gentío. Quedó a la vista la versión clásica de un Renault 5 allí estacionado en pluscuamperfecto estado de conservación.

La sorpresa me dejó el pensamiento en blanco por unos instantes. Este modelo es reliquia de una época de este país, que empezaba a abrir las puertas de una modernidad en necesaria compañía acreditativa de libertad. Ningún símbolo iba a impulsar las nuevas formas de vida como el automóvil, en una juventud que necesitaba para ese objetivo de autonomía el concurso inevitable de la movilidad sobre ruedas.

El comentario de un chaval me puso rápido en la pista de aquella expectación momentánea. Qué fiel es a la traducción que han hecho del modelo eléctrico, dijo al resto del grupo. La casualidad me concedió un refrendo directo de que el objetivo de conquista de la movilidad cero emisiones, se abre paso a través de una actualización de la historia. Buena moraleja para ese progresismo incapaz de sacar lecciones de las miradas por el retrovisor.

No es nuevo, pero tampoco frecuente, que la industria automovilística haya recreado décadas después nuevas visiones y diseños inspirados en modelos míticos de su catálogo histórico. El ejemplo más reciente y perdurable en la memoria es el New Beetle, de Volkswagen, prolongado en los mercados con dos generaciones de indudable tirón atractivo en los ciclos de carburante convencionales. Ford ha sido también otro seguidor de estas estelas con el Mustang que, incluso, incursiona en la movilidad eléctrica. Y rememora, en idéntica categoría, otras vacas sagradas como el Capri y el Taunus.

 La nominación del modelo no se puede despintar, porque en las aventuras iniciales de cambios de usos y costumbres con la emocionalidad de los coches, no es aconsejable jugar a confundir en filiación y origen.

Renault hizo la avanzadilla con el R5, pero ya tiene en cartera utilitarios eléctricos, como el 4L y el Twingo, ambos, de asombroso parecido con sus progenitores y con un indudable poder de atracción ocular entre el consumidor joven como atestigua la experiencia callejera de entradilla a esta columna.

Señas de identidad que establecen un árbol genealógico creíble en fisonomías e identidades. La nominación del modelo no se puede despintar, porque en las aventuras iniciales de cambios de usos y costumbres con la emocionalidad de los coches, no es aconsejable jugar a confundir en filiación y origen.

Si se quiere sacar a la movilidad eléctrica de su modorra de mercado, habrá que empezar por el factor que sacuda la avanzadilla de los sentidos. En este caso, la vista espolea el interés, y si un cliente contemporáneo identifica el producto actual con un mito del pasado que no conoció, pero del que oyó hablar a sus antepasados, es innegable que atraerá su interés.

El coche eléctrico se ha sometido hasta ahora a reglas globales de futuro que, como conjugación de especulaciones, no han generado más que incertidumbres. La reedición y actualización de estos modelos son el recurso de un pasado ya habilitado para inaugurar un presente que le va cogiendo gusto a las certezas. El piso para avanzar se tambalea un poco menos.

Las marcas automovilísticas han dado con una estrategia de captación asentada en la familiaridad que ayuda a conquistar voluntades. Un Twingo, que copia la cara de sapo de aquella aventura que fue el modelo de la década de los noventa del siglo pasado, consolida el poder de un icono, algo de lo que hasta ahora ha estado huérfano el vehículo eléctrico, condenado a diseños sin personalidad ni relato. Es decir, un objeto industrial salido de la cadena de montaje sin más mítica que la obligación de urgencias políticas y carente de la devoción de una creatividad sobre pliego, aunque sea inspirada en el aval de la historia, pero ¿acaso la historia no es una de las musas de la mitología? Clío se llama, como otro modelo de Renault.

El recurso a la resurrección y fidelidad de modelos y denominaciones del pasado en la nueva dimensión de la conducción eléctrica es el primer paso atinado que se detecta en el sindiós de apresuramientos ilógicos al paso caprichoso de la burocracia. Original y copia es un lenguaje legible para la calle.

Comparte tu opinión

* Acepto la política de protección de datos.
Los comentarios deben ser aprobados antes de publicarse.