lunes, 15 de diciembre de 2025 - 10:24:54
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Independencia

La independencia económica no se consigue bajo el yugo de la dependencia tecnológica.

Vivimos envueltos en noticias de impacto temporal. Nacen y mueren en cuestión de horas, minutos. Los flashes inundan nuestra visión al punto de no dejarnos ver el horizonte por cercano que esté. Entre ese bosque de informaciones de calibre pequeño es una aventura desbrozar y encontrar información que tenga calado a largo plazo. Pero sucedió a finales de mes.

El 22 de octubre, martes, festividad de María Salomé, Marcos, Abercio y Melanio, el diario Financial Times adelantaba que Airbus, Leonardo y Thales (es decir, Alemania, Reino Unido, Francia, Italia y España) unirán fuerzas para combatir la supremacía de Elon Musk en el espacio.

La noticia no se celebró con el lanzamiento de fuegos artificiales ni brindis con el mejor champán francés o cava catalán. Quedan años por delante para que el proyecto se sustancie, se discutan las peculiaridades de la joint venture y 25.000 empleados dediquen sus mejores esfuerzos para lograr una facturación de 6.500 millones de euros anuales y, sobre todo, se comience a liberar esta parte del mundo de la tiranía tecnológica estadounidense.

El pasado 8 de abril, España sufrió un inesperado apagón eléctrico. Aquel día descubrimos en carne propia —que es cuando uno descubre de verdad sus debilidades— que la sociedad del siglo XXI depende de la electricidad, y ese fluido eléctrico que la nutre la paraliza si deja de llegar.

El pasado 8 de abril, España sufrió un inesperado apagón eléctrico. Acompañaron en la aventura Portugal y un trocito de Francia, pero los perniciosos efectos fueron los mismos para la ciudadanía. Aquel día descubrimos en carne propia —que es cuando uno descubre de verdad sus debilidades— que la sociedad del siglo XXI depende de la electricidad, y ese fluido eléctrico que la nutre la paraliza si deja de llegar. Ni internet, ni móviles; resurgió aquel transistor a pilas que arrinconamos tras el 23-F. Aquel día aprendimos la primera lección de los tiempos modernos: sin electricidad no somos nada.

El 20 de octubre pasado se cayó AWS. La nube de Amazon se desplomó y, que se sepa, 2.000 empresas de todo el mundo se vieron afectadas. Ese día recobramos la consciencia de que un puñado de tecnológicas como la propia Amazon, Google o Microsoft son depositarias de la marcha social y económica de un enorme pedazo de mundo. En aquella fecha descubrimos que en la tecnología anida nuestro futuro pero también la amenaza del caos.

Elon Musk tiene una constelación de satélites (Starlink), por encima de 6.000, orbitando la Tierra y ofreciendo acceso a Internet de alta velocidad. Proyecta, a través de su empresa SpaceX, ampliar la nómina de satélites en otros 30.000. El Cid Campeador de los cielos quiere convertirse en su emperador, condición que sería traumática para una parte del mundo que aún le recuerda empuñando una motosierra en la Casa Blanca. Bienvenida sea, por tanto, la iniciativa de Airbus, Leonardo y Thales. Y ojalá fructifique de nuevo un macroproyecto europeo.

La independencia económica y, por tanto, vital, no se consigue bajo el yugo de la dependencia tecnológica. Rechacemos para siempre aquella frase de Unamuno: «¡Que inventen ellos!».

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