viernes, 28 de noviembre de 2025 - 8:02:47
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Pasarse de las siete y media

«Los espectadores de la movilidad con garantías hubiéramos deseado bastante antes el abandono de la defensa silenciosa de sus agentes y el símbolo de ánimo que es el ataque de un crochet bien lanzado»

La industria automovilística europea ha sido emplazada a ese juego llamado en España, por su genética de taberna, las siete y media, y allende las fronteras, bacarrá, por jugarse en sofisticada mesa de casino y atavío de alta etiqueta. Las dos versiones obedecen a las mismas reglas del juego: sumar con los naipes destapados una determinada cantidad: siete y media en versión nacional, y veintiuno en la internacional. Eso sí, detalle para uno y otro, en caso de igualdad, gana la banca.

La Comisión Europea (CE) ha establecido la cita y las reglas del juego, y es obvio que ha barrido para casa con la varita mágica de su discrecionalidad legislativa. Es imposible escapar a esa percepción, cuando este juego de no llegar, atinar o pasarse, ha establecido el registro mágico en un voluntarismo político que, como sucede en los últimos tiempos, está en las antípodas de las realidades incontestables. Bien definido emerge el dislate con el plazo impuesto hasta 2035 para abandonar la producción de vehículos con las motorizaciones clásicas de los combustibles fósiles. El reto medioambiental, que lo es, se distorsiona con un pésimo enfoque que desprestigia el propósito por el escepticismo o la incredulidad.

El apostante, la propia industria, no ha sabido tampoco jugar sus cartas. Concedió un silencio en forma de pase o de plantada insuficiente, en vez de poner sobre el tapete el argumento de la inviabilidad de ese proyecto, sobre todo, cuando la única alternativa, el coche eléctrico, no era más que un cúmulo de abstracciones con larguísimo recorrido por delante para tornarse en concreciones. La burocracia de la UE envidó con lo que es propio de toda burocracia: el decreto y sus reglamentos. Ante ese órdago, la Asociación de Constructores Europeos de Automóviles (ACEA) calló, pero quisimos suponer que no otorgó, aunque lo parecía.

Faltan solo unos días para que se lleve a efecto la reunión anunciada del llamado diálogo estratégico de la UE para la industria automovilística, donde la élite de Bruselas y los agentes sociales europeos intentarán perfilar los objetivos y consecuencias de este proyecto.

La ACEA se ha quitado la mordaza y ya ha dicho —más vale tarde…— que ese objetivo de 2035 de la única producción de eléctricos es inasumible. Es decir ha puesto en papel o documento con membrete, lo que el mercado, el gran tótem del sistema, venía proclamando desde hace años: no hay estructura, ni en prefijos infra o supra, que pueda hacer viable este voluntarismo político formulado desde las claves de la prestidigitación.

«La acea se ha quitado la mordaza y ya ha dicho —más vale tarde...— que ese objetivo de 2035 de la única producción de eléctricos es inasumible»

El automovilismo europeo, con muchas chinas en sus zapatos, renquea. Ya padece en la planta de sus pies los pinchazos y raspones del coche chino y ahora expresa la queja con la palabra a mano más demoledora: colapso. Un envite con la misma carga de profundidad que los decretos o reglamentos de la CE. De los faroles y estrategias se ha pasado a los órdagos con potentes jugadas.

En este contencioso ha habido más silencios y tretas que elocuencias y técnicas de confrontación. Es fácil advertir que quien se ve obligado a callar y a acatar, en cuanto se libera de los prejuicios y miedos, proclama y se rebela. Ningún misterio es sacar estas conclusiones con la reciente misiva de la ACEA a la presidenta de la CE, Ursula von der Leyen. Los espectadores de la movilidad con garantías hubiéramos deseado bastante antes el abandono de la defensa silenciosa de sus agentes y el símbolo de ánimo que es el ataque de un crochet bien lanzado al mentón del rival.

Ahí están la banca, que nunca pierde, pero no siempre gana, y los jugadores en forma de marcas automovilísticas, envidando o pasando, a conveniencia de los naipes que van sacando. Pero una mesa de casino o de taberna suele rodearse de curiosos (automovilistas para el caso) atraídos por el morbo de la victoria o la derrota.

También ellos hacen sus apuestas. Termino con humor. Con un verso de la desternillante ‘La venganza de Don Mendo’, de Pedro Muñoz Seca, referido a las siete y media: «Y un juego vil/que no hay que jugarlo a ciegas/pues juegas cien veces, mil/y de las mil, ves febril/que o te pasas o no llegas/Y el no llegar da dolor/pues indica que mal tasas/y eres del otro deudor/Más ¡ay de si te pasas!/¡Si te pasas es peor!

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