Dicen que «el mes de septiembre llega con la promesa de nuevos comienzos y días llenos de luz». Para mí, por el contrario, me parece un largo domingo, en el que la resaca del fin de semana (vacaciones de verano, en este caso) aún nos tiene anestesiados, pero la parte reptiliana del cerebro nos lanza mensajes de que ya es hora de ponerse en alerta.
Comienza el nuevo curso y, visto lo visto, el otoño se presenta calentito. Leo noticias cuanto menos preocupantes procedentes de Autoland, es decir, Alemania, motor de Europa, y, por ende, faro guía para todo el continente. Entre los «bellos aranceles» de Trump 2.0 y un mercado chino que ya no tiene la devoción de antaño por el Made in Europe, el presente automovilístico no es nada ilusionante.
Comenta Hildegard Müller, la presidenta del Verbandes der Automobilindustrie (homólogo alemán de Anfac) en una entrevista en ThePioneer.de que el «paradigma ha cambiado» y que el modelo de fabricar millones de coches al gusto del Viejo Continente para venderlos masivamente en América y China ya no funciona. Y pone el acento en aquellos aspectos de índole europea que suponen un freno: la sobrerregulación y la burocracia, así como una apuesta por el coche eléctrico a base de empezar la casa por el tejado. Müller propone como soluciones invertir en I+D+i y adaptarse a las demandas de cada mercado (neutralidad tecnológica).
«el "paradigma ha cambiado" y el mo'delo de fabricar millones de coches al gusto del Viejo Continente para venderlos masivamente en América y China, ya no funciona»
Echo la mirada a EEUU y el panorama tampoco pinta mejor, pues de la estrategia de electrificación de la era Biden se ha pasado a «drill, baby, drill» de Trump 2.0, lo que ha pillado a los constructores con el pie cambiado. Uno de los tres de Detroit, Ford, ha anunciado por boca de su CEO, Jim Farley, que a pesar de la coyuntura trumpiana van a seguir invirtiendo en electromovilidad, pero con un enfoque diferente: apostar por coches eléctricos asequibles, replicando el modelo seguido con el Ford T en su momento.
Y es que por ahí van los tiros, señores: solo si democratizamos la electromovilidad se podrá hacer frente a la ofensiva de vehículos eléctricos chinos.
Aún hay tiempo de salvar los muebles, pero el cambio de paradigma requiere enfoques diferentes y mucha valentía. Eso sí, no caigamos en el gatopardismo, de que todo cambie para que todo siga igual; ese camino ya lo hemos recorrido y nos ha llevado al momento actual.















































