Parece que, a finales de este año, los robotaxis llegarán a Madrid. Se trata de un proyecto piloto impulsado por WeRide, Uber Technologies y Avomo —empresa que forma parte de Moove Cars— y el servicio que presten estas tres firmas se realizará en colaboración con la Comunidad de Madrid.
Esta noticia me produce sentimientos encontrados. Por una parte, me alegra que la capital de España sea pionera en este tipo de servicios en Europa, con lo que se pondrá al nivel de otras urbes como Atlanta o Austin u otras ciudades en China. Esto pone de manifiesto las condiciones propicias para la innovación que existen en Madrid.
Si algo hemos aprendido del Autopilot de Tesla o la experiencia de Waymo en EEUU es que no son fórmulas infalibles
Sin embargo —y quizá me falte información—, sigo pensando que esta tecnología aún no está madura para ser introducida en una ciudad con un tráfico tan complicado como Madrid, y todas sus idiosincrasias asociadas: la circulación urbana no es como la de una autopista. ¿Estará el algoritmo preparado para furgonetas de reparto que paran donde les da la gana, motoristas que aprovechan hasta el último resquicio para adelantar a otro vehículo o niños que irrumpen en la calzada detrás de un balón? La conciencia situacional que proporciona la tecnología más avanzada —mediante cámaras, sensores y radares— permite anticiparse a millones de escenarios posibles, pero si algo hemos aprendido del Autopilot de Tesla o la experiencia de Waymo en EEUU es que no son fórmulas infalibles. Y todo ello sin tener en cuenta la parte referida a la ciberseguridad.
A todo lo anterior hay que sumar un factor: la humanización de la movilidad. Es cierto que, como en todos los sectores, hay garbanzos negros, pero, en líneas generales, taxistas y conductores de VTC son gente dispuesta a ayudar a un anciano a subirse al vehículo, por ejemplo, esperar a que una mujer entre de forma segura en el portal de la casa a la que la ha llevado o escuchar a quien necesita ser escuchado. Todo ello no lo proporciona una máquina, por mucho que evolucione la tecnología.
Resulta curioso, en este sentido, que una empresa como Uber haya adquirido la app de reservas de chóferes Blacklane, y Lyft, otra empresa que provee de servicios de movilidad, haya comprado TBR Global Chauffering. A ver si lo que se persigue es que el transporte de viajeros con conductor humano se convierta en el próximo artículo de lujo… Cosas veredes…

