miércoles, 8 de abril de 2026 - 6:30:55
La Tribuna de Automoción
Portada » Noticias » In inde independència
General

In inde independència

Cosas de la guerra, los precios suben disparados como misiles y las nóminas tardan meses en revisarse.

Imaginemos al jefe de gabinete técnico de un prohombre de las finanzas, la industria o la política que recibe un encargo de su superior para redactar el discurso que pronunciará de inmediato en un foro financiero, un meeting empresarial o un debate parlamentario. A la luz de los acontecimientos importa poco la delicadeza de los planteamientos. Sus primeras frases, tras los saludos de rigor, manejarían las palabras volatilidad, incertidumbre, escepticismo, desconfianza, contracción, estanflación, deterioro e inestabilidad. Un auténtico reguero de ideas, pronósticos y sensaciones que aconsejarían buscar una cueva en el Pirineo y no salir de ella en una temporada. Ya se sabe: cosas de las guerras.

Imaginemos a sus trabajadores a cargo echando cuentas de lo que han subido los precios de la gasolina y la cesta de la compra y avizorando cuántos meses han de pasar hasta que la subida de sus salarios se acerquen a la nueva situación

Imaginemos al empresario, grande o pequeño, sentado en su mesa de despacho haciendo números con las facturas de los últimos pedidos, comprobando el importe de las subidas de precios y trasladando ipso facto esos aumentos en bruto a sus productos o servicios (el IPC subió un punto a lo largo de marzo). E imaginemos a sus trabajadores a cargo echando cuentas de lo que han subido los precios de la gasolina y la cesta de la compra y avizorando cuántos meses han de pasar hasta que la subida de sus salarios se acerquen a la nueva situación. Porque, cosas de la guerra, los precios suben disparados como misiles y las nóminas tardan meses en revisarse.

Imaginemos a ese pequeño ahorrador que el último día de 2025, cuando el Ibex 35 marcaba 17.307 puntos, decide invertir en Bolsa una parte de sus ahorros, es decir, su tiempo y su esfuerzo. A finales de febrero entra en Internet y da un brinco de alegría cuando comprueba que el Ibex marca 18.496 puntos. Se considera entonces un monstruo de las finanzas. Pero su alegría se viene abajo cuando el mes de abril empieza con un Ibex en 16.802,50 puntos. Las pérdidas se le graban en las arrugas de la cara. Ya se sabe: cosas de las guerras.

Imaginemos un congreso de analistas de la economía traduciendo en políticas de futuro las circunstancias bélicas que atraviesa el mundo y cuyo final resulta impredecible. Pero sea cual fuere el desenlace ya tienen a mano el diagnóstico y la receta: es harto probable que las economías se adapten a la crisis mediante una reducción de los ingresos, unos ajustes salariales más moderados y un mayor riesgo de recesión. Nada nuevo bajo el sol. Los paganos, casi todos, y los más paganos, los de siempre.

Imaginemos manifestaciones por todo el país reivindicando el alivio de nuestra sumisión al petróleo al grito que se hizo famoso en 2017 en las calles catalanas: In-inde-independència. Hermosa palabra, utópico propósito en un mundo trabado por intereses y una ambiciosa meta por la que luchar. Lástima que frente a esa incontrovertible verdad del barquero tampoco haya acuerdo. ¡País!, que apostillaría Forges.

Comparte tu opinión

* Acepto la política de protección de datos.
Los comentarios deben ser aprobados antes de publicarse.