miércoles, 4 de marzo de 2026 - 12:33:54
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Debate estéril

El debate inconcluso sobre el salario mínimo es asunto de calado que conduce al futuro o nos retrotrae al siglo XX.

En tiempos de lemas, eslóganes y consignas sería bienvenido un debate serio, como el que debieron protagonizar y no culminaron gobierno y patronal a propósito de la revalorización del salario mínimo interprofesional (SMI), salario de subsistencia que afecta a 1,66 millones de asalariados de los cuales un 60% son mujeres. En la pelea y en caliente apenas se entrevieron las costuras de un asunto de calado que conduce al futuro o nos retrotrae al siglo XX.

Por partes. En la columna del haber cabe preguntarse si procede un aumento del SMI (1.221 euros en 14 pagas, una subida del 3,1%) en un país que crece con fuerza (2,8% en 2025), vive «márgenes empresariales brutales» (según el Gobierno), el Ibex 35 marca récords, no se reconocen todas las horas extra y las mejoras salariales no han destruido empleo sino que lo han impulsado.

En la columna del debe hay que apuntar que el alza del SMI (3,1%) no corresponde a la inflación media (2,7%) del año, ignora el absentismo, trata igual a empresas desiguales y no contempla las dificultades del sector primario (campo, pesca) y servicio doméstico.

¿Qué son los trabajadores dentro de la empresa, sencillas piezas mecánicas de quita y pon? ¿Se concibe una empresa sin el factor trabajo? ¿Un empresario sin trabajadores?

Hasta aquí, datos básicos. Y ahora, la polémica. El Gobierno, según la CEOE, rompe con el diálogo social porque «necesita enemigos; y, curiosamente, nosotros somos los que creamos riqueza».

Es este último pensamiento («los empresarios somos los que creamos riqueza») el que saca a flote el concepto trasnochado de la propiedad y la empresa que aún bulle en el seno de la patronal. ¿Qué son los trabajadores dentro de la empresa, sencillas piezas mecánicas de quita y pon? ¿Se concibe una empresa sin el factor trabajo? ¿Un empresario sin trabajadores?

Ítem más. La CEOE argumenta contra la subida del SMI (solo pactó una y negó seis) que el Gobierno «se está poniendo morado a subir impuestos. Todo, al final, se lo come el Gobierno porque si no estaría en los bolsillos de los trabajadores». ¿De verdad piensa lo que dice? ¿También cree que el Gobierno guarda los impuestos en una caja fuerte en Moncloa? ¿Hay que recordar los sucesivos «eres» que salvaron docenas de empresas y a nadie se le ocurrió decir que sus dueños eran los más beneficiados?

Es preocupante el poso patronal, que suscribe medidas que manejan dinero público y se opone a la igualdad salarial o a la reducción de jornada. Y no menos preocupante el viento reaccionario que sopla por tierras desarrolladas. Ejemplo, el de Argentina, que aprueba la jornada de doce horas, abarata los despidos y limita el derecho de huelga, entre otras ocurrencias.

En el debate sobran pellizcos de monja: recordar que el presidente de la patronal cobra 23 veces el SMI o que una vicepresidenta del Gobierno tiene vivienda oficial. Son pedradas políticas y bajezas intelectuales. «Manca finezza», que decía Giulio Andreotti.

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