La Comisión Europea presentará el 10 de diciembre el Paquete de Automoción, que nace del Diálogo Estratégico con el sector y que debe servir para fijar una hoja de ruta para asegurar la competitividad de la industria y preservar el empleo en la transición energética. Un plan de acción en el que también se incluirá la propuesta de revisión de los objetivos de CO2 de 2030 y 2035 para vehículos ligeros, que Bruselas adelantó que se enfocaría bajo las premisas de la flexibilidad y la neutralidad tecnológica; dos pautas que habrá que ver en qué se traducen.
No obstante, lo que resulta imprescindible, como defendió el presidente de Anfac en el I Foro de Automoción de este medio, es que se pongan en marcha las medidas más cortoplacistas para acelerar la expansión de la electromovilidad y la adaptación de la estructura industrial, entre ellas garantizar incentivos continuados a la compra de vehículos, al I+D+i y para la instalación de puntos de carga. Junto a ello, habría que dar mayor margen para la meta de finales de década, un primer hito sobre el que hay que actuar ya, mientras que sobre el de cero emisiones de 2035, para el que hay un horizonte amplio aún, si existe división en Europa como parece entre los países, lo mejor sería completar solo por ahora, como ya quedó estipulado, la regulación de los ecocombustibles.
Más adelante, en función de la evolución sectorial, sí que resultaría necesaria otra revisión. Bajo este planteamiento, una de las medidas estrella que debería desplegarse inmediatamente es la del proyecto del coche eléctrico pequeño, ecológico, accesible y fabricado en Europa, que planteó Von der Leyen. En un contexto de dependencia tecnológica y de aprovisionamiento del Viejo Continente con China y EEUU, la UE tiene que impulsar su propio modelo de movilidad, recuperando el segmento de los utilitarios que casi ha desaparecido en el universo térmico por las exigentes regulaciones que tornan en imposible la ecuación económica para los clientes. Para ello, Bruselas tiene que asignarles supercréditos para hacerlos más atractivos a las marcas y congelar la aplicación de nuevas exigencias técnicas durante un lapso amplio.
La apuesta por los VE pequeños es la más racional en la evolución a megaurbes, donde hay que aprovechar el espacio urbano, lo que deja en un sinsentido la situación actual de desplazamientos en vehículos grandes —en su mayoría SUV—
Lo importante más que obligar a nuevos equipamientos —los actuales son muy avanzados— es centrar esfuerzos en renovar el envejecido parque móvil, lo que garantizará avanzar en seguridad vial y descarbonización. Además, la apuesta por los VE pequeños es la más racional en la evolución a megaurbes, donde hay que aprovechar el espacio urbano, lo que deja en un sinsentido la situación actual de desplazamientos en vehículos grandes —en su mayoría SUV— que circulan con solo un ocupante. A todo ello hay que sumar la necesidad de ser más eficientes energéticamente, lo que hace de estos kei car a la europea como la opción más interesante. Tampoco hay que olvidar que potenciar este producto tendrá también un efecto positivo para la industria en España, que está especializada en segmentos pequeños.

