El hombre propone, Dios dispone, la realidad descompone y a todos en su sitio pone. Ocurre con las grandes ideas, pero también con las empresas. Hace unas semanas nos desayunamos con la noticia de que Zity, la compañía de carsharing de Renault, cerrará el 21 de mayo, dejando a la ciudad de Madrid sin uno de sus principales operadores de movilidad compartida. ¿Causas? Muchas. La principal: las limitadas perspectivas de rentabilidad.
La decisión de dejar de operar en Madrid venía precedida del cese de actividades de Zity en París, entre otros motivos, por daños recurrentes en la flota y por el deterioro de la disponibilidad y la percepción del servicio. Soy un usuario frecuente de servicios de carsharing de casi todas las operadoras, desde Zity, pasando por Wible y Voltio, y lo cierto es que, de un tiempo a esta parte, las condiciones físicas de las unidades de la operadora de Renault dejaban bastante que desear.
Ivan Segal, otrora director general
de Renault Iberia, me explicó en una
entrevista que Zity «es un negocio
de 'Big Data', no de coches»
No es solo por el hecho de que sustituyeran los Renault Zoe —con los que comenzó el servicio— por Dacia Spring de la primera generación; es que los Zity que han estado operando no solo presentaban en muchas ocasiones un aspecto deplorable por dentro y por fuera; es que, además, el tren de rodaje de algunas unidades había recibido tanto maltrato que daba cierto respeto ponerse al volante.
Esto último pone de manifiesto, una vez más, que la teoría de las ventanas rotas sigue vigente. Esta teoría establece que los signos visibles de desinterés y deterioro pueden incitar a comportamientos delictivos. Si una ventana rota se deja sin reparar, sugiere la teoría, pronto todas las ventanas estarán rotas.
De todos modos, la decisión de cierre de Zity me sorprende estratégicamente hablando. Al poco de iniciar sus operaciones en Madrid, en 2017, tuve ocasión de entrevistar a Ivan Segal, por aquel entonces director general de Renault Iberia, quien me explicó que Zity «es un negocio de Big Data, no de coches» y que «la tecnología que hay detrás será la misma que se utilizará en un futuro con los robotaxis». ¿Han aprendido todo lo que tenían que aprender o es que el futuro puede esperar?
Sea como fuere, quizá los motivos sean mucho más prosaicos: que el mundo de 2017 poco se parece al de 2026, sobre todo el automovilístico, y cuando pintan bastos, una retirada a tiempo es una victoria.

