Hasta hace unos años, visitar el Salón de Pekín o el de Shanghái suponía darse un garbeo por la mayor copistería del mundo. Recuerdo haber elaborado reportajes sobre cómo el modelo chino X tenía parecidos razonables (es un decir) con el modelo Y europeo. Sorprendía que, pese a las más que evidentes semejanzas, los grandes fabricantes afectados, tanto del Viejo Continente como de EEUU, no hicieran nada para frenar esa mala praxis. Pero es que todo formaba parte de un mismo acuerdo tácito: «yo, marca occidental, miro hacia otro lado, mientras vosotros, copistas chinos, me permitís seguir haciendo buenos negocios en vuestro extenso mercado». Mientras la cosa funcionaba, ¿para qué tocar nada?
Pero, claro, la situación ha dado un giro copernicano: el cliente chino, mayormente joven, ya no bebe los vientos por los productos europeos y, en cambio, siente absoluta fascinación por la propuesta nacional, mucho más acorde con los gustos de ese potencial comprador. A saber: un buen diseño, concienzudamente inspirado en el lujo europeo, y un despliegue tecnológico que, sinceramente, abruma. Y la pregunta que surge es: si los productos chinos, de la industria que sea, han conquistado a propios y extraños sobre todo en el plano tecnológico, ¿por qué no quieren intentar enamorarnos con diseños propios?
El cliente chino, mayormente joven, ya no bebe los vientos por los productos europeos y, en cambio, siente absoluta fascinación por la propuesta nacional, mucho más acorde con los gustos de ese potencial comprador
Leo en Bloomberg una respuesta muy curiosa al respecto, pronunciada por el legendario diseñador Frank Stephenson: «La imitación es la forma más auténtica y sincera de halago». Halagar está muy bien, pero no da de comer, sobre todo al que sufre la inspiración hurtada. Sin embargo, parece que la explicación de todo ello sea mucho más profana: reducir los plazos, y eso también afecta al diseño. Encontrar lo que se conoce como un ‘lenguaje de diseño’ propio puede llevar años, incluso décadas, y tomar prestado un diseño que se sabe que funciona es un vector de eficiencia operativa, sobre todo si se trata de una marca de automóviles que carece de historia y necesita crecer rápidamente en ventas y márgenes.
Si a eso se une el hecho de que la electromovilidad conduce a diseños similares —por requerimientos aerodinámicos y la ubicación de las baterías—, me parece que lo que se ha podido ver en Auto China 2026 ya no es simplemente el Temu del automóvil, sino una ventana al futuro que nos espera.















































