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Capital humano

Está al alcance de muchas empresas intentar que el capital humano participe del devenir de la compañía.

Dicen los estudios sobre satisfacción en el empleo (Barómetro de Salud Mental, EPA, Manpower Group) que entre el 45% y el 70% de los trabajadores españoles están descontentos, estresados o dispuestos a dejar su trabajo. Entrar a discernir las razones conduciría a un prolijo estudio o la formulación de una tesis doctoral. El porcentaje de insatisfechos, no obstante, es llamativamente elevado y quizás esté en el embrión de esa débil productividad que es queja constante en el discurso empresarial.

Productividad es una criatura que requiere dos condiciones básicas para crecer: inversión permanente en la actualización de los medios de producción y trato adecuado del capital humano (mientras que no sea suplantado por robots). La tecnología camina a tal velocidad que la empresa con vocación puntera vendrá obligada a dedicar porciones crecientes de su cuenta de resultados a actualizar en tiempo real sus componentes productivos. Pero erraría si la consecución del beneficio, al fin y al cabo el objetivo de cualquier entramado societario, resta la atención debida al componente laboral sin el cual todo el proceso deja de tener sentido.

En el ámbito peninsular hay ejemplos de compañías que combinan ese coctel de medidas con éxito innegable. Sin descender al último detalle de gestión (dice el refrán que no siempre es oro todo lo que reluce), Mercadona, el supermercado que mejor remunera a sus trabajadores, puede servir de ejemplo para defender que la productividad camina sobre la pata de la inversión y el trato laboral.

En España solo hay tres empresas que tengan en nómina más de 100.000 trabajadores: Santander, BBVA y Mercadona, que tiene 110.000 y obtuvo en 2024 un beneficio de 1.384 millones

En España solo hay tres empresas que tengan en nómina más de 100.000 trabajadores: Santander, BBVA y Mercadona, que tiene 110.000 y obtuvo en 2024 un beneficio de 1.384 millones. Lo que decidió esta compañía a mediados de diciembre tiene escasos precedentes en el manual de empresas: conceder a sus empleados una semana más de vacaciones (pasan de 30 a 37 días con un coste de 100 millones) y una nómina extra a partir de este año (con un coste de 280 millones) para que «todos los que forman Mercadona estén comprometidos y satisfechos al 100%».

Elige un trabajo que ames y no tendrás que trabajar un solo día de tu vida, predicaba Confucio con razón indestructible. Pero no es fácil encontrar ni la vocación ni el empleo que satisfaga a cada uno de nosotros. Lo que sí está al alcance de muchas empresas es intentar que el capital humano se integre en la marcha de la compañía, haciéndolo partícipe de su devenir y sus beneficios. Juan Roig y su equipo han dado con una tecla.

Esa tecla es una política que hoy no casa con la idea globalizada de máximo beneficio para el capital caiga quien caiga; pero sí ayuda a entender que, al menos, la mitad de los trabajadores en nuestro país estén descontentos, estresados o deseosos de cambiar de empleo. «(I can´t get no) satisfaction» cantaban medio siglo atrás los Rolling.

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