Arturo de Andrés
En relación con una columna recientemente publicada en este espacio con el título de “Sobran marchas”, ha habido quien me ha manifestado su extrañeza en relación a mi postura, más bien crítica, respecto a los cambios de seis marchas, que actualmente están proliferando cada vez más.
Quizás no fui suficientemente explícito al puntualizar las razones de mi posición, por lo que volveré sobre el asunto para no dar la impresión de que soy un fósil reaccionario frente a los progresos técnicos.
Es evidente que, al escalonar las relaciones de un cambio de seis marchas, el diseñador del mismo se puede permitir el lujo de poner una sexta siempre un poco más larga de lo que sería la quinta de uno de sólo cinco, incluso aunque este último cambio también se diseñase teniendo como objetivo la economía de consumo
Leer opinión completa en la edición impresa de La Tribuna de Automoción nº 359