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Vivienda crónica

¿A quién se dirige la convocatoria de huelga? ¿A la patronal, al Gobierno, a las CCAA, a los ayuntamientos? A todos, sin excepción.

En la memoria de un español que fuera mayor de edad a finales de los ochenta hay grabadas dos secuencias y sonidos extraordinarios que reflejan calles vacías y un silencio atronador recorriendo todas las esquinas del país: las que se vivieron en el confinamiento por la pandemia de Covid hace un lustro y las que siguieron a la huelga general convocada por Comisiones Obreras y UGT, el 14 de diciembre de 1988, en contra del Plan de Empleo Juvenil y la política económica y laboral del Gobierno de Felipe González. Esas imágenes tan crudas nunca más se repitieron.

El próximo día 11 está convocada otra huelga general. Será una más en una larga lista desde la llegada de la democracia. Ningún gobierno ha escapado en su mandato al ejercicio de ese derecho constitucional de la ciudadanía. Las sufrieron Suárez (1976), González (1988, 1992 y 1994), Aznar (2002), Zapatero (2010 y 2011), Rajoy (marzo y diciembre de 2012) y Sánchez. Los motivos que sindicatos, asociaciones u otros colectivos ponen encima de la mesa para las convocatorias siempre tuvieron y tienen que ver con las condiciones de vida de la mayoría de la población.

En el recuento figuran, entre otras causas, la «inflación desbocada», el paro, la ampliación del periodo para calcular la pensión, el recorte de prestaciones por desempleo, una reforma laboral con recortes sociales, el abaratamiento del despido, la elevación de la edad de jubilación y, para la próxima, el intrincado acceso a una vivienda digna y la persistencia de salarios exiguos.

La vivienda, con independencia de constituir un derecho constitucional que ampara a todo individuo (art.47), no es un concepto político trasnochado

La voz de los empresarios se alzó tras la convocatoria, para lo que tiene plena legitimidad, considerándola política y, por tanto, ilegal, lo que trasluce un error de concepto inaceptable. La vivienda, con independencia de constituir un derecho constitucional que ampara a todo individuo (art.47), no es un concepto político trasnochado; es el compendio de casi todas las reivindicaciones que siempre planteó la clase trabajadora en sus convocatorias. Afecta a millones de ciudadanos que aspiran a una vida digna y libre para formar una familia y hoy es una pesadilla recurrente de una generación de jóvenes que tienen que echar mano de sus progenitores para dormir bajo techo o compartir la vida íntima con otros ciudadanos que nunca figuraron en su proyecto personal.

¿A quién se dirige la convocatoria de huelga? ¿A la patronal, al Gobierno, a las Comunidades Autónomas, a los ayuntamientos? A todos, sin excepción. Imaginemos que la convocatoria fracasa o tiene un seguimiento desigual. ¿Será un fracaso del Gobierno y sacará rédito político la oposición? Imaginemos que la huelga tiene éxito. ¿Será un aval a las propuestas gubernamentales y un rechazo a las posiciones inmovilistas de autonomías y ayuntamientos de la oposición? Pase lo que pase, nadie ganará ese día. La vivienda es asignatura pendiente para próximas legislaturas (en plural)... si no se cronifica.

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