Para Harry Houdini, el más grande entre los grandes ilusionistas, la magia no estaba relacionada con lo sobrenatural, ni con el espiritismo ni tampoco con los poderes ocultos. Era simplemente una aguda combinación de habilidades físicas y psicológicas, y mucha preparación y también ciencia. Donde mejor se plasma su visión es en la saga cinematográfica Now you see me (Ahora me ves), donde los trucos de magia se convierten en una fuente de distracción para conseguir otros fines.
Más de una vez he dicho en estas mismas páginas que si no existiera Elon Musk habría que inventarlo, lo cual no quita que su falta de escrúpulos (sobre todo en lo relacionado con sus supuestas intervenciones para que Starlink no opere con normalidad en Ucrania, con las terribles consecuencias que ello ha provocado) me cause un mayúsculo rechazo (por no decir una grosería).
El último show de Musk, la reciente presentación del nuevo y esperado Tesla Roadster —que no llegará al mercado, por cierto, hasta 2028… ¡Cuán largo me lo fiais!, que diría el Tenorio—, con todo tipo de fuegos de artificio y piruetas en el aire gracias a la propulsión por gas frío —gentileza de SpaceX—, me ha parecido un buen ejemplo de lo descrito líneas más arriba: un juego de distracción.
Y es que las últimas semanas se está hablando de la posible fusión entre Tesla y SpaceX, que desde un punto de vista meramente empresarial tiene mucho sentido, por un sencillo motivo: sinergias. Ahora bien, desde el prisma automovilístico, es mezclar churras con merinas, a no ser, claro, que este juego de despiste oculte las que me parecen ser las verdaderas intenciones del tecnobro sudafricano: decir adiós al negocio de fabricar coches para centrarse en producir robotaxis y robots. Es decir, Tesla entraría en su siguiente nivel: la robotización total.
Y si lo pensamos, las piezas terminan encajando si tenemos en cuenta que la marca Tesla nació con el lanzamiento del Roadster en 2008 y puede que se cierre el círculo 20 años después con la llegada del nuevo Roadster en 2028
Y si lo pensamos, las piezas terminan encajando si tenemos en cuenta que la marca Tesla nació con el lanzamiento del Roadster en 2008 y puede que se cierre el círculo 20 años después con la llegada del nuevo Roadster en 2028. ¿Casualidad? Este personaje no da puntadas sin hilo, y si a eso se le añade que, como un niño grande, se cansa pronto de hacer las mismas cosas —sin olvidar que la competencia china está al acecho—, puede que seamos testigos del fin de Tesla tal y como lo habíamos conocido.

