lunes, 5 de octubre de 2026 - 10:30:20
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Una caja de Skinner en movimiento

Los coches modernos, con sensores por doquier, se han convertido en smart centers que generan decenas de gigabytes de datos por hora.

Siempre he considerado el automóvil un vector de libertad. Libertad de movimientos, pero también un espacio de libertad, como una suerte de prolongación de la vivienda particular… pero sobre ruedas. Cualquiera a quien le guste conducir sabrá a lo que me refiero: carretera y manta, escuchando la música que yo quiero o directamente no escuchar nada; poner el aire acondicionado o no ponerlo; parar cuando y donde me dé la gana —entiéndase que me refiero a detener el coche en un sitio habilitado para ello—…

Sin embargo, la vida moderna tiene sus cosas. Las hay buenas, como la inclusión de la tecnología aplicada a la seguridad activa y la pasiva… pero también tiene sus cosas no tan positivas. Hace poco, un post en LinkedIn de José María Álvarez Pallete, ex CEO y presidente de Telefónica, me llamó poderosamente la atención. Hacía referencia a cómo los coches modernos, equipados de sensores por doquier, más la información que se comparte al conectar el móvil, se habían convertido en smart centers capaces de generar decenas de gigabytes de datos por hora. Casi nada.

¿Y si a alguien le da por utilizarlos vehículos como caballos de Troya?

Es decir, que si los chicos malos accedían a esa ingente cantidad de datos, podían saber si acelerabas mucho o poco, si sobrepasabas la velocidad genérica de la vía… o incluso podían saber a dónde habías ido y con quién. Habrá a quien le dé igual, pero hay que pensar que si nos molesta que nos persigan los anuncios sobre un bien en concreto debido a lo que nos monitorizan y escuchan, en un coche todo ello se multiplica. Y lo peor es que algún chico malo consiga penetrar en ese espacio de libertad que se supone que es nuestro coche, el cual puede convertirse en una enorme caja de Skinner rodante, mientras un Gran Hermano nos vigila. Lo reconozco, «¡menuda inventada!», que diría el inquilino de La Moncloa, pero que alguien me asegure que eso no puede ocurrir.

Ya comenté en estas mismas páginas cómo en China no permitían que los Tesla estuvieran aparcados cerca de instalaciones críticas, debido a que su modo centinela graba todo lo que hay alrededor. ¿Y si a alguien le da por utilizarlos vehículos como caballos de Troya?

Si algo nos ha enseñado la geopolítica actual, es que, como dijo Nietzsche, «en el amor y en la guerra todo está más allá del bien y del mal». Yo, por si acaso, voy a dejar de hablar del hijo de Putin en el coche…

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