lunes, 5 de octubre de 2026 - 10:30:19
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En 'boxes', neumáticos; en el 'paddock', neumáticas

Madrid ya tiene su circuito. El éxito de público, innegable. Pero precios de las entradas no precisamente populares.

A estas alturas no creo necesitar reválidas para corroborar mi compromiso con el automóvil y los coches, con su industria, con su comercio, con su cultura, a fin de cuentas. Vuelvo a la distinción entre automóvil y coche. El primero lo asocio a la racionalidad, al concepto de sector, pura pragmática. El segundo es mi idea de la emocionalidad, una suerte de individualidad.

La competición automovilística la encuadro de lleno en al área del coche, aunque detrás está una potente industria, opacada por un espectáculo que fue un prodigio de épica, y que hoy deviene a ensayos tecnológicos que adulteran las esencias de la condición humana, configuradas por pilotos legendarios sobre los vehículos. El negocio apunta progresivamente a la caja registradora, y en decaída, sin aparente freno, a la mítica. Hoy, la Fórmula 1 me aburre, antaño me subyugaba. Hoy todo es previsible, ayer era la concurrencia de incertidumbres en ese punto final que es la victoria.

Madrid ha recuperado la Fórmula 1. Por supuesto que es una alegría. Pero mi afecto a ese orbe de las cuatro o dos ruedas, a la sinfonía del ruido de motores y a la pasión que transmite la simbiosis centaura entre hombre y máquina, no va a servir de velo a los dislates que han rodeado la preparación de este retorno.

Sabido es que donde meta la zarpa la política, hay ya un punto de partida, cuando menos, sospechoso. Y en este Gran Premio de España, con la denominación de origen en su capital después de treinta y cinco años, la ciencia de lo posible se ha trastocado en el imperio de las molestias. Y no hablo a humo de pajas. Vivo muy cerca del lugar asignado al circuito y he comprobado en carne propia, y en la ajena, pero muy cercana, de un nutrido vecindario, que el ciudadano ha sido despreciado por los dictados del espectáculo, como pingüe negocio de mercaderes impulsado por las huestes políticas afines. Corte de calles sin previo aviso durante más de un año y molestias acústicas enervantes, así como de amputación de la libre movilidad peatonal a contribuyentes fiscales netos que estaban instalados por los alrededores bastante antes que el trazado.

He recordado aquellas películas del oeste de cuando era niño. El héroe era el justiciero sin tacha que traía en jaque al rico ganadero cuya pulsión avariciosa trataba de expulsar con toda clase de chantajes a los colonos llegados antes que él a esas tierras. ¿Ven alguna connotación con los terratenientes del espectáculo?

Admito que un circuito urbano es una poderosa herramienta promocional del lugar, de exposición de su monumentalidad, pues que se lleve adonde se concentra esa riqueza, no a un paraje que sus prodigios arquitectónicos son urbanizaciones de ciudadanos medios que han hecho el eje de su vida en el hábitat residencial elegido mucho antes de victimarlos en un fraude.

Dicen que el modelo de circuitos cerrados está en desuso. Supina majadería.

Mi implicación en pro de la Fórmula 1 en Madrid ha sido de años. En activo fui testigo de presentaciones de proyectos interesantes de circuitos en zonas donde se podía ser colono sin molestar a nadie. Y si alguien llegaba después, ya estaba avisado.

Dicen que el modelo de circuitos cerrados está en desuso. Supina majadería. No creo que se pueda entender la magia de esta competición sin nombres como Monza, Silverstone, Nurburgring, Zaandvort, Paul Ricard… Y en esos referentes, un urbano, Montecarlo, pero ahí estaba el madrinazgo de Grace Kelly, mujer que enamoró al mundo con su glamur insuperable en Mogambo o Atrapa a ese ladrón. ¡Ay!, sin querer, se me ha escapado una sibilina comparación odiosa.

Madrid ya tiene su circuito, a diez años vista como primera consideración. El éxito de público, innegable. Pero en las entrelíneas de esta lectura, precios de las entradas no precisamente populares. Y como declaración de intenciones ostentosa la zona VIP más grande de todo el campeonato del mundo de Fórmula 1.

El ático de Madring, como en el del resto de las carreras, es la pasarela de celebridades y de unas estéticas en las que dominan belleza, elegancia y la patada en la entrepierna de la riqueza hortera. Significativos testimonios visuales ha habido. Es lo que se llama el paddock. Abajo residen las entrañas de la competición, la sala de máquina, los boxes; en estos, protagonistas, los neumáticos, el caucho; en las arribas, las neumáticas, la silicona.

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