El futuro de la marca Seat vuelve a estar en cuestión. Según publicó el medio alemán WiWo a partir de una filtración del dossier elaborado por el Comité de Dirección del Grupo VW sobre el plan de ajuste hasta 2030, la intención sería la de poner fin a la enseña a finales de 2029 para concentrar los recursos en el resto de marcas generalistas y, especialmente, en Cupra. Ante esta información, el fabricante germano, tras llegar a un acuerdo con el Consejo de Supervisión el 3 de septiembre sobre los objetivos de su reestructuración, remitió una comunicación para aclarar la situación de la firma, concretando que, si bien «no se ha tomado ninguna decisión», su futuro «sigue analizándose» y «varios escenarios» son posibles, aunque matizó que la inversión es «cada vez más compleja» con «una regulación cada vez más exigente» o por «el coste de la electrificación». A partir de ahí, constató que el desenlace dependerá de la evolución de la normativa y la demanda.
El desenlace debería ser positivo, porque todo apunta a que las metas de emisiones, como ya avanzó la Comisión Europea, se van a flexibilizar para hacer la transición hacia las cero emisiones más accesible
Si estos son los verdaderos factores, el desenlace debería ser positivo, porque todo apunta a que las metas de emisiones, como ya avanzó la Comisión Europea, se van a flexibilizar para hacer la transición hacia las cero emisiones más accesible. A su vez, el mercado también debería acompañar. En este año, ya se está viendo en Europa una aceleración de las ventas de electrificados y, si se mira más allá, las perspectivas son muy favorables, incluso el CEO del Grupo VW avanzó que después de 2030 el segmento de los VE urbanos, que sería por el que se apostase en Seat, se multiplicará por cuatro. Un horizonte que se afrontaría con una marca que tiene el respaldo de los clientes —sigue registrando más de 250.000 entregas, pese a la merma de gama—, siempre que le doten de argumentos comerciales, y que se ha consolidado como la puerta de entrada al consorcio. Es decir, la inversión se justifica totalmente. Y si la razón de no querer hacerla es su dimensión, en el contexto de recorte inversor que pronostica el constructor —pasar de 180.000 millones iniciales a 135.000— y de reducción de un 50% del porfolio de producto, su valoración no sería muy cuantiosa, puesto que sería un coche basado en la plataforma MEB+ que se industrializa en la Península, con cinco siluetas entre Martorell, Navarra y Palmela (Portugal), y que se beneficiaría de grandes sinergias. Pese a todo, si no se quieren destinar recursos, se debería recurrir a la fórmula de buscar una alianza con otro fabricante, bien sea chino o no.
En la evaluación, por tanto, todo juega a favor y si a ello sumamos el factor emocional, Seat tiene que continuar. Más allá de quien no quiera a la firma española en el seno del grupo, hay que recordar que su cuarto de millón de ventas no se absorbería por el resto de logos, sino que gran parte se lo llevaría la competencia. Y para muestra, salvando distancias, la decisión de GM de quitar de Europa a Chevrolet para potenciar Opel. Al final, acabó vendiendo esta última a PSA.

