El mundo anda en modo adolescente, saltando de una crisis a otra en una deriva peligrosa». La frase es del analista Andrés Ortega, en ‘Política Exterior’. Y me parece que define perfectamente cómo anda el mundo… a todos los niveles. Y es ciertamente preocupante.
Para colmo, estas últimas semanas hemos conocido que la delicada situación en la que se halla el Grupo VW puede tener una derivada que sería una desgracia: la desaparición de Seat. No es la primera vez que el río suena. En 2022 tuve la oportunidad de entrevistar a Thomas Schäfer, presidente del comité ejecutivo de Volkswagen Turismos y responsable de las marcas de volumen del Grupo, entre las que se encuentra Seat. Y en esa entrevista le pregunté por los planes de futuro para Seat (ya había rumores), y me respondió que «Seat no se cierra; tenemos un plan». Parece que 4 años y una tremenda caída en ventas del consorcio después, ese plan no ha fructificado.
Seat ha sabido plasmar como nadie la esencia de lo español en un inanimado trozo de hierro
No sé si los planes del Grupo VW pasan por ponerse tremendistas y amenazar con cerrar Seat para que la administración actúe; no sé si lejos de ser un órdago han echado cuentas y estas no salen; sea como fuere, anuncios así no ayudan, pues generan mucho ruido y minan la moral de las personas que hacen Seat.
Seat motorizó España; Seat hizo feliz a mi abuelo materno con el seíllas que condujo durante tantos años; el León que tuvimos en casa es de lo mejorcito que ha pasado por mis manos; y Seat ha sabido plasmar como nadie la esencia de lo español en un inanimado trozo de hierro.
Se habla del sorpasso de Cupra, de lo bien que lo está haciendo esta marca, pero me gustaría recordar a propios y extraños que sin Seat, que creó las ediciones Cup-Racing, nunca hubiera habido Cupra.
No me puedo (ni quiero) imaginar lo que sería el mundo, mi mundo, sin Seat. Y no me lo puedo ni me lo quiero imaginar, porque Seat forma parte del imaginario colectivo español como el jamón, la paella, el flamenco, Cervantes o la Sagrada Familia. ¿Te imaginas un mundo así?
Cuando una marca de automóviles echa el cierre, no solo es una terrible noticia económica y social; también supone perder un trozo de identidad. Me niego a pensar que este es el fin. Señores, hasta el rabo, todo es toro. Y como se suele decir, la juventud (y la adolescencia) es una enfermedad que se cura con los años. ¡A por ello!

