jueves, 17 de septiembre de 2026 - 12:02:30
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El semáforo

«Digan lo que nos digan, todo será ahora, siempre y por los siglos de los siglos, manifiestamente mejorable»

Hay frases, reflexiones y pensamientos que por su sencillez, precisión y permanencia en el tiempo resultan clásicos, aplicables a la convivencia humana en cualquier circunstancia. Una que sobrevive a los años es la expresión «manifiestamente mejorable». Nació setenta años atrás para justificar jurídicamente la expropiación o la explotación forzosa de tierras de labor infrautilizadas, pero se puede utilizar para describir siempre la situación por la que atraviesa un país, una comunidad o una persona.

Conviene recordarlo porque entramos en el tiempo de las grandes promesas. El calendario advierte que una inminente campaña electoral invadirá la vida pública y privada con consignas y reclamos que apelan a la felicidad sin fin que nos van a conseguir unos candidatos que, en la soledad de su habitación, a buen seguro no se creen lo que juran. Porque hagan lo que hagan, y por muy bien que lo hagan, su obra si llegan al poder también será manifiestamente mejorable; y sus rivales tratarán de apearles de su estatus jurando a su vez que realizarán obras perfectas, aunque sepan que también serán manifiestamente mejorables.

Paremos un instante el segundero de la vida para intentar la identificación de las circunstancias que nos rodean. Para ello utilizaremos los colores de un semáforo. El color verde correspondería a aquello que funciona bien, pero, como todo en la vida, es mejorable; el ámbar señalaría aquello manifiestamente mejorable, lo que marcha con dificultad y necesita un trabajo extra para mejorar; y el rojo apuntaría lo que va rematadamente mal.

Entre los manifiestamente mejorables se dan cita la inflación, el paro, la deuda, la sanidad pública, la dependencia, las pensiones, la industria, la balanza comercial y la presión fiscal

El resultado del ejercicio visual, aplicado a la realidad española y en la medida de lo posible cuantificable, es llamativo. En el pantone verde de los elementos mejorables se dan cita el PIB, el empleo, los beneficios empresariales, los cotizantes sociales, el déficit público, los beneficios empresariales, el consumo y el turismo. Entre los manifiestamente mejorables se dan cita la inflación, el paro, la deuda, la sanidad pública, la dependencia, las pensiones, la industria, la balanza comercial y la presión fiscal. El semáforo rojo de los imperiosamente mejorables señala el precio de los combustibles, los salarios, la tecnología y, por encima de todo, la vivienda. Claro que, si elevamos la mirada y traspasamos las fronteras, produce escalofríos el pantone carmesí que se observa.

Oiremos en las próximas semanas cantos de sirena. Nos ofrecerán el edén, un mundo de ensueño. Pero no nos detallarán cómo llegar a él ni qué esfuerzos hacer para alcanzarlo. Frente a esa avalancha de propuestas retóricas solo queda una verdad inmutable: digan lo que nos digan, todo será ahora, siempre y por los siglos de los siglos, manifiestamente mejorable. La elección del médico y su receta es de cada uno.

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