Fue Isaac Newton quien formuló la Ley de la Gravitación Universal que establece, y los legos en materia científica lo pueden entender, que todos los objetos con masa se atraen entre sí y, en nuestro sistema solar, la masa del sol genera una fuerza de gravedad que atrae a los planetas. El sistema funciona con tal equilibrio que si un planeta se desplazara sin una órbita estable podría perturbar la órbita de otros planetas, cometas y asteroides que caerían sobre la Tierra u otros planetas. En resumen, causarían una devastación generalizada.
Esa ley gravitacional universal podríamos aplicarla a un sistema que en la Tierra se llama Vivienda y en el que conviven planetas, cometas y asteroides que aquí se denominan promotores, constructores, compradores, vendedores, socimis, fondos buitre, arrendadores, arrendatarios, ayuntamientos, comunidades autónomas, gobiernos, inflación, tipos de interés y salarios. Nunca se consiguió el equilibrio de esos elementos, pero las perturbaciones no habían llegado a una devastación generalizada.
Hasta hoy, en que se ha manifestado en toda su crudeza un fenómeno que explica cómo una región acumula una fuerza gravitatoria tan brutal que nada, ni siquiera la luz, puede escapar a ella y pone en riesgo el sistema. Los científicos lo llaman agujero negro; en el planeta Vivienda se llama especulación.
En España existen 24 millones de viviendas: 22,6 en manos de propietarios individuales; 1,1 de empresas y 0,55 de administraciones públicas e instituciones varias
En España existen 24 millones de viviendas: 22,6 en manos de propietarios individuales; 1,1 de empresas y 0,55 de administraciones públicas e instituciones varias. Cada año se celebran 175.000 matrimonios y el Banco de España estima que hoy y ahora se necesitarían 750.000 viviendas para cubrir la demanda habitacional. Pues bien, resulta que el INE tiene censados 341.000 pisos turísticos y hay otros 3,8 millones de casas vacías porque están en mal estado, sufren los vaivenes de la herencia, no tienen demanda por despoblación o sus propietarios no las ponen en el mercado por desconfianza. Añádase a esto una tortuosa burocracia administrativa, un desaforado cálculo partidista, una visión política miope, un mercado laboral funambulista y una fiebre especuladora que afecta a grandes tenedores (impulsores principales de precios) y a pequeños propietarios.
El resultado es un precio medio de la vivienda de 2.355 euros el metro cuadrado y un salario medio de 2.460 euros brutos al mes. Se necesita una vida laboral para comprar piso. El precio del alquiler es de 15,1 euros el metro cuadrado: 1.360 euros al mes. Casi un sueldo neto. ¿Tienen algún sentido estas cifras? Ninguno. Y los poderes públicos (ayuntamientos, suelo; comunidades autónomas, promoción; gobierno, normativa; y partidos políticos, legislación) lo saben, pero no parecen conscientes. El malestar en la calle va más allá de reivindicar el artículo 47 de la Constitución. Examina el sistema. Ignorarlo es debilitarlo.

