Se trata de una enfermedad que se caracteriza por la multiplicación y propagación descontrolada de células anormales en el cuerpo que pueden diseminarse por cualquier tejido en lo que se denomina metástasis. Los científicos abrevian el concepto en una palabra: cáncer. Pero no es el único que se da entre los seres vivos. Hay una subespecie de cáncer que se propaga en los tejidos sociales que se llama manipulación, desinformación, adulteración, falsificación y mentiras, con una poderosa capacidad de reproducción. Aquel puede desarrollarse por mutaciones genéticas, factores ambientales e incluso estilos de vida. Este otro tiene su origen en el compulsivo deseo de lograr el poder a cualquier precio, incluso saltándose a la torera un mínimo respeto por la verdad.
La desinformación acaba dañando el corazón de la democracia y sus instituciones. Salpicar las manifestaciones públicas de insidias y datos manipulados provocan, como poco, el agnosticismo en el ciudadano. Lo menos que se puede pedir a quien tiene acceso a un medio de comunicación es rigor y defensa del trabajo que realizan los institutos públicos.
La desinformación acaba dañando el corazón de la democracia y sus instituciones
Unos apuntes. El empleo y su baile de conceptos. Aunque ya parece que se admite como buena la cifra de afiliados a la Seguridad Social, hay quien pone en duda los datos porque una persona física puede computar más de una vez. Y qué decir de los fijos discontinuos, que no computan como parados mientras están en periodos de inactividad y esa circunstancia la esgrime la oposición como ocultación del paro real.
Aún estamos inmersos en el proceso de regularización de inmigrantes. El Gobierno calculaba que el proceso afectaría a medio millón de personas y resulta que las solicitudes ascienden a 1,2 millones. El mercado laboral oculto se ignora a cuántos trabajadores afecta, pero con esos datos en la mano habrá de admitirse que es mucho mayor de lo que se pensaba.
La última batalla la protagonizó Núñez Feijóo ante empresarios vascos. Abordaba el absentismo y aseguró que los lunes más de un millón de personas faltan a trabajar. Propuso para sus protagonistas una rebaja del sueldo, pero metió en el mismo saco a los caraduras y a quienes sufren bajas médicas por enfermedades laborales, contingencias comunes y profesionales, maternidad, etcétera. De paso arremetió contra los médicos de familia y los sanitarios que tienen la responsabilidad de dar las bajas. Convendría que quienes aspiran a representarnos y conducirnos se informaran antes de dirigirse a la ciudadanía y respetaran los datos. Lo dibujó El Roto días atrás en El País: «¡Querréis pan y os ofrecerán datos!» ¡Si al menos fueran fiables!, cabría añadir. Con los números no se juega. ¿Acabaremos poniendo en tela de juicio el IPC, la deuda, el déficit, la balanza de pagos, el gasto público, las horas extra impagadas, la presión fiscal...?

