Stellantis da prácticamente por agotadas las alternativas para mantener la actividad automovilística en su planta de Brampton (Canadá), después de meses analizando posibles usos para unas instalaciones que permanecen sin producción desde 2023. La compañía ha firmado un memorando de entendimiento (MoU, por sus siglas en inglés) con el fabricante de vehículos de defensa Roshel para estudiar la venta de la factoría, una operación que sale a la luz en plena guerra comercial entre Washington y Ottawa y que, aunque todavía no se ha cerrado, ya ha provocado el rechazo frontal del sindicato Unifor.
El CEO de Stellantis Canadá, Trevor Longley, comunicó el 17 de septiembre a los trabajadores que el grupo había evaluado «cada opción posible» para el futuro de la instalación, pero que ninguna ofrecía un modelo de negocio sostenible a largo plazo que permitiera mantener las operaciones. El directivo atribuyó la decisión a las condiciones del mercado y comerciales, a unos requisitos regulatorios cada vez más exigentes y a las dificultades de los consumidores para acceder a vehículos nuevos.
La compañía anunció el acuerdo preliminar...
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